El verano pasado el entonces director de la policía judicial llamado Adolfo Karam Beltrán estaba bebiendo alcohol e ingiriendo algunas sustancias tóxicas con un periodista, al parecer un conductor de un noticiero de radio y también columnista en la filial poblana de un diario capitalino. El susodicho periodista ya pasado en alcoholes le confesó a Karam que estaba enamorado de una alumna de la UDLA, pero ella no lo pelaba.La primera versión cuenta que el periodista ya ebrio tomó su auto y se dirigió a la UDLA, tomo en dirección a la catorce oriente y estaba tan ebrio que estrelló su auto contra una malla, acto seguido el personal de seguridad de la UDLA lo agarraron por daños a propiedad. Pero el le dijo a los policías que tenía influencias y que no sabían quien era y con quien estaban hablando, entonces le habló a su amigo Karam quien ya pasado de copas llegó a la universidad con su escolta de judiciales, estaban tan borrachos que a uno de los judiciales se le cayó el rifle y por lo tanto los policías también sacaron sus pistolas.
La otra versión es que no fue el periodista quien llegó a la universidad de las Américas sino Karam, para así buscar a la adolescente, para demostrarle que al periodista que es muy fregón. Su llegada fue por la entrada principal. Se cuenta entonces que el rector Pedro Ángel Palou García fue avisado y el le habla por teléfono a un alto funcionario de gobierno, al parecer López Zavala (Secretario de Cultura de Mario Marín) y se quejó por la conducta de Karam.
Al otro día la UDLA tramita una denuncia en contra de Karam y sus judiciales. En el Ministerio Publico estaba Blanca Laura Villeda Martínez, y un señor de apellido Kim que tiene rasgos orientales que se cree es el jefe de seguridad de la UDLA, al parecer el señor Kim orientó cada una de las denuncias de sus subalternos, después de esto se cierra el caso. Se dice que no se investigó y que no se procedió en contra de Karam y de sus judiciales, porque el mismísimo Karam fue obligado a ir a la UDLA y pedir perdón al patronato de la UDLA.
Esta historia parece ser cierta pero no hay pruebas y me la contó mi profesor Martín Hernández Alcántara y me pidió que la subiera a mi blog.
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