El Excelsior nació en 1917, cuando todavía estaban presentes las tensiones por la guerra de Revolución en México. Fue un diario muy influyente al igual que su vecino (El Universal) durante la primera mitad del siglo pasado.
Se transformó en cooperativa en 1932, desde entonces fue propiedad de sus trabajadores. A la asamblea de cooperativistas corresponde designar a las autoridades del diario y conocer la situación financiera. Ese régimen de propiedad permite que las ganancias de la empresa se distribuyan entre todos pero tiene inconvenientes: las asambleas no siempre son el mejor espacio para tomar decisiones periodísticas o financieras.
Pero fue en 1963 que El Excelsior dio un salto a la fama, cuando asume la dirección Julio Scherer, que consigue atraer a los periodistas e intelectuales más importantes del país a escribir en sus páginas. Scherer tuvo una relación de amor-odio con el poder. Entonces era el periódico catalogado como entre los diez mejores del mundo, venían a México propietarios y directores de diarios de Asia, Sudamérica y otros lados a conocer su estilo y forma de trabajar.
Excélsior era una publicación muy molesta para el primer círculo gubernamental, en el que por supuesto se incluían los principales grupos de poder político y económico. No era tanto la labor de los reporteros del diario -según se cuenta- lo que generaba escozor, entre otros, en el Presidente de la República, sino la de varios de sus articulistas y en particular los textos del historiador Daniel Cosío Villegas.
En el año 1976 el de régimen de Echeverría se cansó del abierto oposicionismo de Scherer e impulsó a un grupo de periodistas descontentos a tomar la dirección del periódico y correr al grupo de izquierda. Este grupo, encabezado por Regino Díaz Redondo convocó a una serie de asambleas y reuniones de los trabajadores.
La intimidación, la arbitrariedad y la violencia hicieron imposible el normal desempeño de la asamblea. Bajo la presión de una minoría de cooperativistas que actuaba con signos y consignas, fruto de una obvia asesoría externa y de grupos de porristas y de agentes policíacos, claramente identificados, la mayoría de los socios salió de la sala de asambleas y se constituyó en asamblea legítima en la sala de redacción. Allí, los presentes aprobaron los informes del director y del gerente generales, no previstos significativamente en la convocatoria espuria expedida por el Consejo de Administración, y desconoció a éste, al Consejo de Vigilancia y a las Comisiones de Conciliación y Arbitraje y de Control Técnico. Mientras tanto, el grupo minoritario determinó suspender al director y al gerente general. Después, la desproporcionada fuerza de choque y los miembros de la reunión minoritaria amagaron a la inerme asamblea. Decididos a no responder a la violencia con que los avasallaron, el director y el gerente generales encabezaron la salida del grupo mayoritario. La policía había sido llamada por los dirigentes legales para impedir las agresiones. Tal protección fue negada. Seis días después del golpe, el 14 de julio, el Presidente de la República dictaminó: Fue una determinación de los cooperativistas y no ha intervenido el gobierno de México y nunca lo hizo, y menos al final, absolutamente. Parece ser que allí una mayoría determinó lo que se hizo después. La versión de Díaz Redondo y sus seguidores quedó impresa en Excelsior el 9 de julio de 1976: el cargo de que los ex dirigentes ponían en riesgo la economía de la cooperativa, su suspensión y la acusación de desfalco por 14 millones de pesos, así como la consignación del caso ante la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, fue su respuesta.
Todas las personas que apoyaban a Scherer decidieron publicar un desplegado a su favor, acusando al gobierno de Echeverría, lo cual impidió el grupo de Regino de modo que en lugar del desplegado se publicó una página en blanco (ese fue un hito bochornoso en la historia del periodismo mexicano).
Junto con Julio Scherer salieron, un nutrido grupo de periodistas. En unos cuantos meses, y gracias a la solidaridad de lo sociedad, Scherer pudo fundar, junto con Vicente Leñero y otros, el semanario Proceso, que durante años fue una de las pocas voces que incomodaban al poder totalitario de los presidentes priistas. El primer número apareció el sábado 6 de noviembre de 1976. El logo original fue diseñado por Alfonso Rodríguez Tovar. Y aunque en un principio se pensó en una foto ampliada de Echeverría (que habría implicado un proceso simbólico al presidente), Scherer, Granados Chapa y Leñero acordaron una portada blanca que destacaba tres temas. El primero se titulaba “El sexenio: las palabras y los hechos”, una revisión exhaustiva del sexenio exangüe de Echeverría. El segundo apartado ofrecía un adelanto de las memorias de Daniel Cosío Villegas, colaborador del Excelsior de Scherer y cuya crítica acérrima precipitó la censura del gobierno federal. El tercer reportaje de portada, “Libre expresión: de Excelsior a Proceso”, daba su propia versión de los acontecimientos que propiciaron la creación del semanario.
De ese golpe nacieron además el diario Unomásuno, presidido por el revolucionario Manuel Becerra Acosta. El Unomásuno abre una competencia al interior y al exterior, se hace periodismo a partir del entendimiento de la realidad, se deja de ser oprimeobturadores para ser fotoperiodistas. Se genera un estilo Unomásuno, con carácter. Se desacraliza la foto.
Y Vuelta, el mensual dirigido por Octavio Paz. El primer editorial de Vuelta se expresó de forma crítica y pesimista sobre las condiciones en que México vivía en ese momento, siendo el "affaire" Excélsior símbolo de libertad de expresión. El ejemplo más palpable: ausencia de partidos políticos, extremo poder presidencial y un Estado abrumador y opresivo. De acuerdo con Paz, en ese momento no había soluciones de corto plazo para el desarrollo político y democrático de la nación mexicana.
Luego, del Unomásuno saldrían muchos de los que fundaron La Jornada, y de Vuelta surgiría Letras Libres. Por tanto, los medios independientes de hoy deben mucho a quienes en torno a Julio Scherer, Becerra Acosta y Paz criticaron a Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas de Gortari.
Pero El Excelsior siguió sobreviviendo ahora cobijado por el poder. Sus trabajadores obtuvieron grandes ganancias de ese acuerdo, de modo que eran envidiados (en lo económico) por los que trabajaban en otros diarios. Ello acabó con la llegada de Ernesto Zedillo. Prácticamente se acabaron los apoyos extraordinarios para este periódico del que ahora decían que era el oficial del régimen.
Excélsior se volvió un diario viejo en una sociedad que comenzaba a modernizarse. El cambio político que se extendió en México hizo poca mella en las páginas de ese periódico. Tal incapacidad para cambiar influyó para que desde mediados de la década pasada el diario entrase en una aguda crisis financiera. Hacia 1995 la empresa que edita el periódico El Economista intentó comprar Excélsior pero los trabajadores de la cooperativa se opusieron. En aquel momento se habló de una transacción que podía ascender a 250 millones de dólares. Además del nombre y la tradición periodística que implica, Excélsior tenía un considerable patrimonio inmobiliario. El edificio principal del periódico ocupa un enorme predio en la esquina de Reforma y Bucareli, uno de los sitios más transitados de México y en donde el terreno es más costoso.
Excélsior pudo resolver aquella crisis gracias a un crédito bancario que le facilitó el gobierno. Pero después de aquel intento cada año había versiones sobre una posible venta. Cada vez que se reunía la asamblea de cooperativistas negaba esas versiones y al día siguiente la primera plana del diario proclamaba que la empresa no cambiaría de manos. Sin embargo las deudas crecían y los trabajadores comenzaron a preocuparse realmente cuando advirtieron que había dificultades para pagarles sus salarios. Aunque aseguraba que imprimía más de 100 mil, los ejemplares diarios de Excélsior no eran más de 35 mil (de los cuales quizá se vendía apenas la mitad).
El momento de mayor crisis económica inició. En el plano político Excélsior hizo una apuesta que lo devastó. Durante la campaña previa a la elección presidencial del 2 de julio de 2000, el periódico apoyó abiertamente la candidatura del PRI, el partido que había gobernado México desde 1929. No fue solo una definición editorial: el contenido informativo del periódico se volcó a favor del candidato de ese partido, Francisco Labastida, y las notas sobre la campaña de Vicente Fox eran relegadas. Incluso el 7 de junio Excélsior destinó sus ocho columnas a publicar como noticia parte del contenido de un panfleto en donde se difamaba a Fox y se hacían acusaciones no comprobadas sobre los fondos con los que sostenía su campaña. El distanciamiento entre Excélsior y ese candidato era evidente. Dos días después de las elecciones el director del diario, Regino Díaz Redondo, tuvo que publicar en primera plana un texto suyo reconociendo que había estado en contra de Fox pero que en adelante, no sería “un periódico de oposición ni de rencores”.
La oposición, en realidad, Díaz Redondo la tenía en su propia casa. La incertidumbre sobre el rumbo de Excélsior era comentada dentro y fuera del periódico. La situación financiera no permitía que los salarios de los trabajadores se pagasen a tiempo y completos. Entonces Díaz Redondo buscó un inversionista para ofrecerle el periódico.
Al parecer se contemplaron varias posibilidades. Durante meses circularon los nombres de algunos de los empresarios mexicanos más adinerados como posibles compradores de Excélsior. En octubre Díaz Redondo llegó a un acuerdo con Olegario Vázquez Raña, dueño de los hospitales privados más grandes de México, de una docena de aeropuertos y de otros negocios dentro y fuera del país.
Para el 2001 un movimiento renovador que surgió de Últimas Noticias derribó a Regino. Desgraciadamente ya era demasiado tarde, estaba la cooperativa completamente endeudada y sin capacidad de maniobra alguna. Además los que quedaron arriba a la salida de Regino, ejemplos patentes del viejo régimen, comenzaron a enriquecerse inexplicablemente mientras que el resto nada más los veía. Otra toma del poder, otros arriba enriqueciéndose también, otra toma del poder, otros arriba, otro golpe, otros arriba, así hasta el infinito. De hecho todavía esta semana hubo un cambio de dirección violento.La reportera Patricia Guevara fue electa como nueva directora general. “Excélsior recupera su independencia; no está en venta”, rezaba al día siguiente una destacada información en la primera plana del periódico.
La decisión de los trabajadores de Excélsior fue vista con simpatía en diversos segmentos de la sociedad y la política mexicanas. Ello no ha bastado para redimir al periódico de las contrariedades económicas que ya padecía. Algunas empresas que no se anunciaban en Excélsior comenzaron a hacerlo y otras aumentaron sus inserciones pagadas. Sin embargo, con pocos recursos, el diario no ha experimentado una renovación notable. La mayor parte de sus reporteros y articulistas forman parte de la plantilla que trabajó bajo la dirección de Díaz Redondo. En marzo de 2001 Excélsior celebró su 84 aniversario pero se mantienen dudas sobre su destino. Muchos cooperativistas consideran que podrán evitar que su empresa se hunda financieramente pero otros evalúan la posibilidad de aliarse con un inversionista o, de plano, la venta de la casa Excélsior.
Díaz Redondo y quienes fueron expulsados con él aseguran que sus derechos legales fueron violentados y han tramitado una reparación judicial. En respuesta, los actuales directivos de Excélsior aseguran que en octubre de 2000 Díaz Redondo ya había tramitado la venta de bienes del diario, lo cual podía haber sido ilegal porque esa operación no la había aprobado la cooperativa.
Cada día que pasa y el diario aparece, los nuevos directivos de Excélsior dan un paso adelante. La circulación no ha mejorado sustancialmente pero, según dicen ellos mismos, han logrado cobrar suficientes facturas para sufragar los gastos del medio año que llevan a cargo de la empresa. Las dificultades de fondo no se han resuelto. Se mantiene una deuda fiscal por cerca de 40 millones de dólares y toda la infraestructura del periódico requiere de un remozamiento que sólo podría conseguirse con una importante inyección de capital.
Medio año después de cambiar de director, los cooperativistas de Excélsior aún dudan entre mantenerse como dueños del periódico o encontrar un socio en el cual puedan confiar. La revuelta que protagonizaron el 20 de octubre aun dista de haber rendido suficientes frutos.
Entre tanto a los trabajadores tiene cerca de dos años que no les pagan o les pagan un porcentaje ofensivo de su ingreso, las instalaciones se desmoronan, no hay nadie que limpié, no hay insumos, están a obscuras porque nadie cambia las lámparas, en fin están en la miseria absoluta. La gente que queda ahí sigue trabajando sólo por amor al arte y al periódico.
El golpe a Excelsior no pasó inadvertido para nadie. Se podría decir, inclusive, que conmocionó a gran parte de la opinión pública nacional e internacional. En torno a los agraviados se generó un gran movimiento de simpatía y apoyo que, aunado a su voluntad de continuar ejerciendo un periodismo independiente, posibilitó la pronta salida de una publicación en la que pudieran ejercer nuevamente su trabajo.
Es considerado por varios autores como un ataque a la libertad de expresión y como el inicio de lo que podríamos llamar "periodismo contemporáneo mexicano", en el que una de sus características es la crítica constante al poder. Sin embargo, a casi treinta años de haber ocurrido, todavía hay muchas zonas oscuras con respecto a este momento en la historia de México.
Hoy existen muy diversos espacios de prensa crítica y libre. Sin embargo, nos equivocaríamos al decir que ya la prensa es libre en México. El camino pendiente es mucho, y la pluralidad y la crítica desde la televisión apenas comienza. Del sistema de la censura política impuesto a toda la prensa pasamos al sistema de mercado, que no es completamente libre porque sólo ofrece la información que "vende". Y se mantiene esa relación de favores mutuos en la cúspide del poder económico y político entre la Presidencia de la Republica y los grandes consorcios de la comunicación. Aún hoy en día el primer mandatario siente que tiene el "derecho" de decidir, con el uso abusivo de la televisión, quién debe ser su sucesor. Está pendiente la reforma de la radio y la televisión, pero la reforma de a de veras, la que consolide la pluralidad de pensamientos, la pluralidad empresarial, la pluralidad de proyectos y la que impida de una vez por todas que sean el instrumento para destruir a los adversarios del poder.
Fuentes:
http://www.chilangoweb.com.mx/nivel2.asp?cve=33_22
http://www.pulso.org/Espanol/Archivo/excelsiordelarbre010514.htm
www.fnpi.org/premio/2001/ganadores/homenaje/ocampo.doc
http://antropomorfo.blogspot.com/2005/12/exclsior.html
http://www.lacrisis.com.mx/cgi-bin/cris-cgi/DisComuni.cgi?colum41%7C20050504042320
http://www.jornada.unam.mx/2006/04/06/036a2pol.php
http://www.proceso.com.mx/historia.html
http://www.cuartoscuro.com/66/art1.html
http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras36/notas2/sec_4.html
lunes, 12 de febrero de 2007
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